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Quiebre de la Esperanza: A 77 Años del Derrocamiento del Primer Gobierno Venezolano de Voto Universal


El 24 de noviembre de 1948, la historia política de Venezuela sufrió una interrupción violenta y trascendental. Aquel día, el primer gobierno de la nación electo mediante el voto universal, directo y secreto fue abruptamente derrocado por un movimiento militar que puso fin a la breve pero intensa experiencia de un sistema democrático pleno. Este suceso no solo marcó el ocaso de la administración del insigne novelista y humanista Rómulo Gallegos, sino que también inauguró una década de dictadura militar que obligó a las fuerzas democráticas a entrar en una valiente resistencia clandestina.

Un Gobierno Nacido de la Voluntad Popular

El presidente Rómulo Gallegos, abanderado de Acción Democrática (AD), había asumido la primera magistratura en febrero de 1948, tras una victoria electoral arrolladora que legitimó el espíritu de cambio promovido por la llamada "Revolución de Octubre" de 1945. Su elección no fue un evento menor: representó la culminación de décadas de lucha por la participación ciudadana y la superación del legado caudillista que había caracterizado la vida republicana.

El trienio democrático (1945-1948), liderado en su fase inicial por Rómulo Betancourt y luego por Gallegos, se caracterizó por la introducción de reformas profundas, vitales para el desarrollo del país.

 * Profundización Democrática: Se estableció el sufragio universal, un hito que entregó por primera vez la soberanía al pueblo en su totalidad.

 * Justicia Económica: Se impulsó la reforma de la Ley de Impuesto sobre la Renta, estableciendo el principio de la participación estatal en el excedente de ganancias petroleras, una medida conocida como el fifty-fifty o 50/50, que buscaba una distribución más equitativa de la riqueza nacional.

Acción Democrática, como vanguardia de este proceso, actuó con la convicción de estar sentando las bases de una Venezuela moderna y justa, basada en la voluntad popular y la soberanía económica. Este espíritu reformista y popular, sin embargo, generó resistencias en poderosos sectores que veían amenazados sus privilegios y su tradicional influencia en las estructuras del Estado.

La Interrupción Militar y el Exilio

El derrocamiento del presidente Gallegos, popularmente conocido como el "golpe frío" por su carácter incruento en el momento inicial, fue ejecutado por un grupo de altos oficiales de las Fuerzas Armadas, quienes constituyeron una Junta Militar de Gobierno presidida por el Teniente Coronel Carlos Delgado Chalbaud, e integrada por Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez.

Las justificaciones esgrimidas por los militares golpistas se centraron en supuestas tensiones políticas y en la necesidad de "poner orden", pero la verdadera consecuencia fue la disolución inmediata de los órganos democráticos. El Congreso Nacional, las asambleas legislativas y los concejos municipales, recién electos por el voto popular, fueron clausurados. La Constitución fue desconocida y, pocos días después, el presidente Gallegos fue apresado y expulsado del país, marcando el inicio del exilio y la persecución.

Acción Democrática: El Estandarte de la Resistencia

Ante la embestida dictatorial, Acción Democrática demostró su vocación de partido popular, democrático y de vanguardia. Lejos de sucumbir, sus principales dirigentes y miles de militantes asumieron con gallardía el desafío de la clandestinidad y la Resistencia.

Mientras el régimen militar se consolidaba, imponiendo la censura, la represión y la persecución política, los cuadros de AD se reorganizaron bajo la mística del "partido en las catacumbas". Figuras como Leonardo Ruiz Pineda y Alberto Carnevali, entre muchos otros, se convirtieron en símbolos de la dignidad democrática, sacrificando su vida y su libertad por mantener encendida la llama de la esperanza.

La heroica lucha de Acción Democrática durante la década dictatorial (1948-1958) es un capítulo ineludible de la historia venezolana. Fue el partido que sostuvo la bandera de la democracia popular en los momentos más oscuros, enfrentando con organización y convicción la maquinaria represiva. Este compromiso inquebrantable fue fundamental para el despertar cívico que finalmente desembocó en el restablecimiento de la libertad el 23 de enero de 1958.

El 24 de noviembre de 1948 no es solo la fecha de un golpe de Estado, sino el día en que un partido político forjó, a sangre y fuego, su carácter de pilar fundamental de la democracia venezolana, demostrando que su fuerza reside no solo en el poder electoral, sino en la inquebrantable voluntad de su militancia para luchar por los valores de la libertad, la justicia social y la soberanía popular.

Aldo Rojas Padilla.


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