Ensayo sobre el 5 de julio de 1811 El 5 de julio de 1811 no fue firmado por un bloque homogéneo de revolucionarios. Fue firmado por una coalición donde convivían, bajo la misma acta, quienes estaban dispuestos a perderlo todo por la causa y quienes solamente estaban dispuestos a decir que la apoyaban. Esa segunda categoría no traicionó de un solo golpe, como sí lo hizo quien entregó a Miranda al enemigo. Traicionó de manera más lenta y más difícil de señalar, resistiendo desde adentro cada medida que la independencia necesitaba para sobrevivir, mientras seguía llamándose a sí misma patriota. El sector que nunca rompió del todo Los historiadores que han estudiado la caída de la Primera República coinciden en un dato incómodo, que buena parte del mantuanaje, la vieja nobleza criolla que había impulsado la ruptura con España, se convirtió también en el principal obstáculo interno para sostenerla. Cuando Miranda, nombrado Generalísimo con poderes dictatoriales, intentó imponer disciplina m...
Hay una esquina en el casco central de Araure donde el tiempo ha dejado de transcurrir para empezar a pesar. Es una casa colonial que ya no es casa, sino un esqueleto de barro y madera que se sostiene en pie por algo que ya no es voluntad, sino naturaleza. Los que alguna vez la habitaron se marcharon hace décadas, buscando lugares más modernos, más fáciles de habitar, menos comprometidos con la memoria de las grietas. Desde la acera, lo primero que se nota es la fachada descascarada. Es una piel que se rinde, dejando ver el adobe crudo, esa mezcla de tierra y paja que recibió el sol de hace dos siglos. Las ventanas ya no tienen marcos; son ojos vacíos que miran hacia adentro, hacia un patio donde la maleza ha reclamado su derecho al suelo. La naturaleza no espera permiso. Pero si uno se detiene a observar más allá del escombro, se descubre la verdad de la estructura. Allí, entre el polvo y el silencio, permanece la viga de carga. Es un tronco de madera oscura, endurecido por los años h...