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‎El Amanecer de la Libertad: Reflexiones sobre el 23 de Enero ‎

 


‎La historia suele escribirse con tinta, pero se sella con el ruido de la calle. Aquella madrugada de 1958, el General Marcos Pérez Jiménez abandonaba el Palacio de Miraflores para abordar, a las 2:00 AM en el aeropuerto de La Carlota, el avión presidencial Douglas C-54 Skymaster, bautizado por el ingenio popular como "La Vaca Sagrada". Su destino: Santo Domingo. Con su partida, no solo terminaba una dictadura de casi una década, sino que se cerraba un ciclo de autoritarismo que parecía inquebrantable apenas meses antes.

‎El Desmoronamiento de un Muro

‎La caída de Pérez Jiménez no fue un evento fortuito. Fue la consecuencia lógica de un régimen que agotó su legitimidad tras el fraudulento plebiscito de diciembre de 1957. Cuando el poder intenta sustituir el voto real por la simulación, inicia su propia cuenta regresiva.

‎El deterioro se aceleró con la rebelión militar del 1 de enero de 1958, liderada por oficiales como Hugo Trejo. Aunque aquel alzamiento fracasó en términos operativos, tuvo un efecto psicológico devastador: demostró que el apoyo castrense, pilar fundamental del régimen, estaba fracturado. El descontento en la Marina y en los cuarteles de Caracas fue el presagio del final.

‎En este tablero de cambios, la visión de civiles como Rómulo Betancourt resultó determinante para configurar un proyecto de país que no solo buscaba el cese de la tiranía, sino la instauración de una democracia de partidos sólida. Betancourt, junto a otros líderes como Rafael Caldera y Jóvito Villalba, propuso una arquitectura política donde la renta petrolera se convirtiera en el motor de una transformación social profunda, priorizando la reforma agraria, la alfabetización y la industrialización. Su enfoque no era meramente administrativo, sino pedagógico: buscaban transformar al súbdito de la dictadura en un ciudadano partícipe de la res pública, estableciendo que el desarrollo nacional era inviable si no se cimentaba sobre el respeto a la ley y la alternabilidad en el poder.

‎El Triunfo de la Unidad: La Junta Patriótica

‎Lo que hace al 23 de enero una fecha excepcional es el carácter cívico-militar del movimiento. No fue solo un cuartelazo, ni solo una revuelta popular; fue una convergencia de fuerzas. La Junta Patriótica, un órgano de coordinación clandestina donde confluyeron partidos de diversas ideologías (AD, COPEI, URD y el PCV), logró algo que hoy parece una utopía: anteponer el país a las siglas.

‎La huelga general del 21 de enero, convocada por esta Junta y apoyada por intelectuales, obreros y estudiantes, paralizó el país y dejó al dictador solo en un palacio rodeado de silencio. Cuando la Marina y la guarnición de Caracas retiraron su apoyo la noche del 22 de enero, el régimen se desplomó como un castillo de naipes.

‎Lecciones de un Pasado Presente

‎El legado del 23 de enero no es la ausencia de un hombre, sino la presencia de un pueblo. La formación de la Junta de Gobierno presidida por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal dio inicio a una transición que, con todos sus aciertos y errores, sentó las bases de la democracia moderna en Venezuela.

‎Hoy, al observar los vestisgios de aquel avión en el Museo Aeronáutico de Maracay, recordamos que ningún progreso material —por imponente que sea, como las obras de infraestructura del perezjimenismo— puede compensar la asfixia de las libertades civiles. El 23 de enero nos enseña que la democracia no es un estado permanente, sino una conquista diaria que requiere, por encima de todo, la unidad nacional y el respeto irrestricto a la soberanía popular.

‎Aldo Rojas Padilla 

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